2016-05-13 10.05.18

Uruguayos se emborrachan en zona de lagartos y conocen el mejor bar del sur de Estados Unidos.
(Cuarto envío de la saga de Nuevos Atletas por el EEUU sur-profundo)

TEXTO → JOAQUÍN OTERO
FOTOS → VIRGINIA DA COSTA

Ir a conocer el bayou (palabra con la que se denomina a la zona de pantanos de Louisiana) fue un capricho, lo sé, pero era algo que sentía que tenía que hacer. Ese paisaje me llamaba, necesitaba verlo, necesitaba recorrerlo. Viajar, al final, es eso, ir a desconstruir ese lugar que imaginaste y esperar que la realidad entre por la lengua-ojos-nariz, manos y se vaya al cerebro.

Arrancamos la tercera etapa del viaje, desde Natchez, Mississippi a la zona de Breaux Bridge en Louisiana. El viaje duró aproximadamente cinco horas, más hacia el sur, atravesamos la ciudad-puerto-capital estatal de Louisiana, Baton Rouge, con el estrés de “pegarle” a la salida correcta de las rutas americanas: “In two hundred feet take the EXIT 6B to the I-10", suena fácil en la voz amable de una máquina, pero hay que hacerlo a 70 millas por hora rodeado de camiones que no saben que adentro de un Mustang naranja no va un piloto de autos deportivos sino “un loquito que cayó en la jodita del upgrade”.

2016-05-13 09.29.29↳ El pantano.

Después de pasar Baton Rouge el paisaje cambió, ya empezábamos a ver el terreno hacía dónde nos dirigíamos. Cipreses de 30 metros que emergían del agua con plantas parásito que les colgaban de las ramas y daban forma al típico árbol pantanoso de EE.UU., carteles de publicidad dominados por la figura de los alligators (lagartos gigantes muy muy muy cercanos a los cocodrilos) y crawfish (langostas de río miniatura, una delicia). Luego de recorrer un puente durante 30 minutos (el segundo puente más largo de EE.UU.) llegamos a Atchafalaya basin. (“Atchafalaya” es un río afluente del Mississippi y basin es cuenca en inglés –conocimiento adquirido–).

Luego de un recorrido extra de dos horas perdidos –ni Google maps ni el GPS funcionaban en la zona– por distintos lugares del pantano, dimos, después de volver al querido recurso de bajarse y preguntar, con el sitio indicado donde por el arte del Airbnb habíamos conseguido un bote-casa en el pantano. Nuestro anfitrión se llamaba Eddie (morocho de pelo largo, de unos 38 años pero aparentaba menos; hijo de guatemaltecos que vivían en New Orleans. Eddie era ingeniero de sonido, trabajó en giras alrededor del mundo con bandas como Stone Temple Pilots. Eddie se cansó de la vida en gira –18 años– y se metió a vivir en el pantano. Compró dos bote-casa, una para Airbnb y otra para él. Eddie nos dijo que había encontrado la paz y su lugar en el mundo).

Captura de pantalla 2017-01-31 a las 16.55.28↳ El barrio.

El lugar era impresionante. Estacionamos el Mustang (lleno de barro y polvo) junto a otros autos más discretos en una explanada de pedregullo. El paisaje: un pequeño bar, un abastecimiento de madera, un pequeño muelle que conducía a una decena de botes-casas que se sumergían en la vegetación-agua-ruidos-lagartijas-avispas-alligators-víboras y vida del pantano.

Fuimos a conocer nuestro hogar, un bote-casa perfectamente equipado. Comimos algo y empezamos. Al cruzar el muelle un “ataque” de dos o tres avispas (Vicky leyó este texto antes de ser publicado y asegura que eran más) pusieron nerviosa a Vicky hasta el llanto; las lagartijas corrían a nuestros costados. Por el estrés de días acumulados, las avispas o la humedad y el calor que nos entraban por los ojos Vicky decidió acostarse a dormir un rato. Yo crucé nuevamente el muelle, fui hasta el abastecimiento y me compré el primer six pack del día. Pasé rato de la tarde solo en el fondo del bote-casa que daba hacia las aguas transparentes pero nada claras. Ahí pasé pensando en amigos, familia y gente con los que me hubiera encantado tomar esa cerveza.

Captura de pantalla 2017-01-31 a las 17.05.35↳ Entorno.

La tarde-tardecita-noche incluyó: una recorrida por el “barrio” y la reserva de un tour por el pantano en una lancha-ventilador de cuatro horas, estábamos jugados.

Fuimos al bar, el Turtles Bar o EL MEJOR BAR DE TODO EL SUR DE EE.UU. como le digo:

Pescadores y cazadores de la zona, olor a cigarro, alcohol acumulado de décadas, carteles poco amistosos para con los visitantes, máquinas tragamonedas, risas, gritos. Apenas entramos Eddie nos introdujo con un par de locales.

A partir de acá todo se nubla.

↳ Cartel a las afueras de Turtles bar.

Diálogos inconexos con la gente del bar que se nos acercaba y nos preguntaba si éramos los del Mustang naranja que habíamos estado dando vueltas y vueltas por la zona. “¿Dónde queda Uruguay?”. Cervezas. “¿Qué es Uruguay?”. Cervezas. “Una vez fui a cazar jabalíes a Uruguay. Les disparábamos desde un helicóptero con una metralleta”. Cervezas. Gritos. Ya empezaron los primeros abrazos. “Go USA and Uruguñaljfñalj”. Cervezas. Compra de una cruz con la bandera de Estados Unidos pintada –más como guiñada a esa noche que a la fe en Norteamérica– (la artista de la cruz era la misma mujer que nos proveía de cerveza a la cual en el punto alto de mi estado cervezal la llamé “Da Vinci from de swamp”). El que más se destacó en la borrachera de bienvenida fue Mark. Un hombre blanco con pinta –el prejuicio y la generalización operan mejor bajo el efecto del alcohol– de haber sido jugador de fútbol americano en la secundaria y actualmente se desarrolla como empresario de una distribuidora de artículos de caza y pesca por todo EE.UU.. Mark insistió en ir a conocer su bote-casa y comer crawfish, al principio la dejamos por esa, ante la insistencia nos dirigimos a su hogar, no sin antes ir a buscar un compinche suyo, Taylor, que estaba bebiendo muy tranquilo en su bote. Al llegar: cerveza, los crawfish más picantes del mundo –Vicky solo pudo probar–, whisky, mucho whisky, discusión sobre Donald Trump, obviamente Mark está contento por estos días, no entiende como siendo blancos no estamos a favor de su candidato, Taylor tampoco entiende–, la aparición de Dennis the Menace (Daniel el Travieso) un pequeñísimo alligator que era de la vecindad.

Charla, charla, charla.

Trump. Trump. Trump.

Whisky, whisky, whisky.

Un abrazo y hasta siempre.

“Cuando vuelvas a Uruguay a cazar jabalíes llamame”.

↳ El muelle.

Llegada “complicada” hasta nuestro bote-casa. Dormí (parece que hubo una tormenta eléctrica de enormes dimensiones, yo nunca me enteré).

Mañana de resaca.

Pero sin arrepentimientos.

Hasta que nos subimos al bote-ventilador a recorrer el pantano. Nuestro guía una estrella aparte, el acento del hombre sureño es bastante particular, el de este hombre era cerradísimo, entrenamos los oídos. El aire de la navegación me hizo bien, estaba completamente recuperado a los 15 minutos. Velocidad, zona de árboles, lechuzas, llamado a los alligators. Contacto con esos inmensos reptiles (uno se llamaba Big Mac y media más de tres metros; intimidaba). Cuatro horas perdidos ahí, en ese lugar, al que voy a volver.

↳ El bote.

Receta del Crawfish:

Captura de pantalla 2017-01-31 a las 17.28.35

— Manteca
— Polvo del Cajun (el toque picante, una mezcla de ají, cebolla, morrón, ajo y pimientas)
— Agua
— Los bichos

— Hervir