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Conectamos a Eté & Los Problems, directo desde la camioneta, en plena gira por Alemania y están gozando

TEXTO → FERMÍN SOLANA

Pocas cosas más increíbles para una banda que irse de gira a un país bien remoto, con otro idioma, otra idiosincrasia y hasta otra realidad. Países como Alemania o Japón (supongo). De repente parece como una película; estar ahí con tus amigos escuchando música y tomando birra en una van bajo la nieve camino a una nueva ciudad, o tocando las canciones para gente que no entiende un carajo lo que dicen las letras pero se emociona igual.

Eso es lo que están viviendo ahora mismo E.T. & Los Problems, en medio de una gira soñada de 13 fechas por Alemania y España, cargando los vinilos blancos que mandaron fabricar en el país de las gomitas Haribo y recibieron por el correo en pleno tour.

Ernesto Tabárez contestó el siguiente cuestionario desde la ruta, camino a Frankfurt…

¿Qué fue lo primero que te llamó la atención al desembarcar en Alemania?
Fueron los cuervos, que en el aeropuerto Tegel de Berlín son grandes y negrísimos.

 

¿Cómo encararon el primer concierto?
El primer concierto fue en Brehmen, y el encare fue el de siempre. La única diferencia es que a esta gira no vino Santi Peralta nuestro guitarrista. Vinimos con Ivan K. Y eso siempre altera, tener un músico que no es el de siempre, pero estamos bien y estamos contentos.

 

¿Dónde están parando?
Tocamos jueves, viernes y sábados y de domingo a miércoles nos quedamos en Alfeld un pueblito chiquito muy tranquilo, hermoso, donde pasamos mucha calma. Ahí nos quedamos en un centro juvenil, donde hay un estudio de grabación perfecto, hay flippers, maquinitas, pool y futbolito y pasamos nuestros días concentrando ahí, esperando para tocar en el que yo llamo nuestro “complejo celeste”.

 

¿Han conocido mucha gente ahí?
Nos estamos quedando con la banda que nos invitó, que se llama Alex Mofa Gang, y durante el día hay dos o tres personas que trabajan en ese lugar atendiendo adolescentes; gente buena que nos hace sentir que estamos del lado correcto del mundo en este país. En el mismo centro conocí a unos pibes refugiados sirios Moham y Mohamed, son hermanos, tienen 11 y 13, a una rusa que se llama Onya que tiene 14 años, un brasileño que tiene 16. Vienen, juegan al pool, fuman cigarrillos en la puerta y pasan las tardes en este pueblo donde no hay nada para hacer.

 

¿Ustedes llevaron puchos?
Compramos cuatro cartones de Nevada y yo me traje además cinco paquetes de Cerrito.

 

¿Los días de toques donde se quedan?
En unas especies de moteles del futuro donde hacés tu reserva por internet y te dan un código y con ese código lo marcás en las puertas (que tienen un teclado numérico). En ningún momento ves un ser humano. Tienen unas duchas rarísimas donde marcás el código y durante diez minutos te bañás en una suerte de nave especial con agua que sale de todos lados, después se cierra la puerta y se limpia a sí misma. Estuvimos en el futuro…y es lindo.

 

¿Qué han comido?
Intento todos los días comer algún tipo de Bratwurst que no haya probado. De la infinidad de salchichas que hay acá. Por otro lado comemos mucho en döner kebabs, pero no kebabs sino una cosa que se llama Dürüm, que es como un taco gigante turco con pepino, repollo, cebolla, lechuga, tomate, queso feta y podés elegir las carnes entre pollo, cordero o cerdo (o las tres). Todo eso bañado en yogur y una salsa picante muy rica. Una forma de pedirlo es en un lehmeyún en vez de la masa de taco. Es una bomba atómica, un rollo de 600 gramos de todo lo que necesitás comer.

 

Música que se escucha en la camio:
Yo pongo El Sabalero siempre que puedo, estoy en un momento muy El Sabalero y Jaime Roos, y Cocho pone Los Espíritus y puso Bunbury, nadie sabe por qué, para comer un guiso de lentejas que hicimos. Los alemanes escuchan un montón de bandas de acá que nosotros no conocemos, como un hardcore melódico y se pasan escuchando Rancid, un disco viejo que a mí no me gusta tanto.

 

Prenda indispensable para el frío:
Las botas de nieve y el cuellito, sin cuellito acá te morís. Yo tengo tres en este momento, uno como de esquiador, de una tela inteligente (que es lo más inteligente que tenemos) y uno negro peludo y uno de animal print que mis compañeros me lo dan para atrás. Fundamentales, también, los calzoncillos largos, como calzas debajo de los jeans, porque si no moriríamos. Llegamos a estar a menos 8 grados. El otro día fuimos al estadio a ver al Hannover 96 contra alguien y esas dos horas fueron bravas, divino, pero bravo.

 

¿Qué es lo que más apreciaste de la estética germana?
La solidez, tanto en las ciudades enormes como en estos paisajes increíbles de sierras y pinos nevados.

 

¿Los lugares donde tocan son muy pro?
Sí, me impactaron las condiciones de sonido que tenemos, son interplanetarias. Lo que es asombroso es tocar así en boliches para 150 personas con un sonido gigante y hermoso, donde sobra volumen; sonamos en la abundancia.

 

¿Cuál es el hit en los toques?
Yo creo que el tema que más les gusta es “Ruta 8”. ¿No? “Eguro”, dice Iván acá. No sé porque, supongo que porque es rápido, es fuerte y parece fácil de coger.

 

¿Fue algún uruguayo a verlos?
Nos fue a ver una pareja de uruguayos, que él tocaba en una banda de punk rock que se llamaba Días Grises.

 

¿Qué dijeron?
“Vamo arriba, está sonando lindo”.