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Laura Rosano, representante del movimiento Slow Food en Uruguay y un top de productos “saludables”, que no lo son tanto.

 

Laura es una militante de la alimentación saludable y defensora a ultranza de los cultivos orgánicos, partiendo de su propio ejemplo en la chacra Ibira-pitá (en San Luis) donde vive con sus hijos y se ha focalizado en la producción de frutos nativos (ver recuadro al final de la nota).

Le preguntamos acerca de un par de máximas sobre la agricultura uruguaya y esto contestó:

 

Top 3 de principales flagelos de nuestra agricultura:

    1. Este año estamos cumpliendo 20 años desde que se introdujo la soja transgénica RR tolerante al Glifosato al Uruguay, esto comenzó con unas hectáreas que no significaban mucho, pasando a ser uno de los mayores cultivos y primer producto de exportación de nuestro país. Después de 20 años practicando este modelo de agricultura, podemos afirmar que todas las promesas que se hicieron en torno a ella, como que con los cultivos transgénicos se acabaría el hambre, que se usarían menos productos tóxicos, que enriquecería y daría trabajo a las poblaciones son FALSAS.
    2. La utilización del Round up como herbicida conocido en Uruguay como glifosato en todas las áreas agrícolas, hasta en los jardines, aumentando en un 500% su importación. Este agrotóxico es altamente residual y está calificado con el grado 1 de toxicidad. La OMS lo clasificó como probable cancerígeno.
    3. Mientras los cultivos transgénicos avanzan, los cultivos convencionales van perdiendo su espacio y las semillas de maíz criollo pierden día a día la posibilidad de seguir existiendo. La “coexistencia” decretada por el gobierno en julio del 2008 ha permitido que el mercado opere libremente sin tomar en consideración a los pequeños productores que desean seguir cultivando el maíz criollo que han conservado por generaciones.

 

Consecuencias más directas de estos cultivos:
“Son consecuencias que ya están instaladas en el Uruguay. Lo vemos en la expulsión del pequeño productor, extranjerización de la tierra y la falta de tierras para el cultivo tradicional.

Esto sucede por la falta de inversión en la agricultura tradicional. Esta inversión no tiene el mismo nivel que las inversiones para los cultivos transgénicos. Si la producción tradicional tuviera el mismo nivel de inversión el crecimiento superaría a los cultivos transgénicos ya que varios estudios demuestran que con el mismo nivel de inversión los cultivos transgénicos aumentan un 7% mientras que los cultivos tradicionales lo hacen en un 30%. Los pequeños productores desarrollan un impacto directo en la economía regional siendo la agricultura la principal base de la economía de Canelones, mayor productor de alimentos del país”.

 

¿Qué productos locales no consumís y por qué motivos?
Productos alimentarios locales que trato de consumir son frutas, verduras, pesca artesanal. Lo que no consumo es soja y maíz que no sea orgánico certificado. Aunque prefiero producto local a importado porque las millas alimentarias contaminan muchísimo el medio ambiente por el tipo de transporte, además de casi siempre estar subvencionados por los estados provocando graves consecuencias a nuestra producción local que no puede competir por no tener ningún apoyo estatal.

 

¿En qué crees que están más engañados los consumidores?
Hay muchos alimentos que usan la palabra “natural” como orgánico y no es lo mismo. La gente se engaña porque no lee la etiqueta, sé que es muy difícil leerlas pero hay que prestar mas atención a los ingredientes y luego razonar de donde proceden. Por ejemplo había un bizcocho de un osito que estaba recomendado para merienda saludable, que decía “sin conservantes”, pero si lees la etiqueta sí tiene conservantes, además de venir del otro lado del mundo, es decir que sin conservantes nunca llegaría a estar en las góndolas de los supermercados meses sin echarse a perder.

 

¿Qué opciones alternativas existen?
Primero que nada leer etiquetas, comprar en ferias y tratar de comprarle al productor, conocer al productor, pasar de ser un mero consumidor a un consumidor consciente y activo. En Slow Food lo llamamos coproductor, hay grupos de canastas, grupos de compras barriales, paseos a chacras agroecológicas donde podes cosechar y comprar las frutas, aprender la estacionalidad de las frutas y verduras, no hay tomate todo el año o frutilla todo el año, estas frutas tienen estacionalidad y en su época es cuando se encuentran con todos los nutrientes disponibles y mejor sabor.

Yo siempre digo que comer es un acto político, porque cada vez que comemos hacemos una elección, si nosotros exigimos alimentos limpios, sin agrotóxicos, que sean de cercanía, de estación estamos apoyando la producción local y orgánica.

 


 

Laura en papel

 

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Flores de calabaza rellenas de ricota y arazá.

El 12 de noviembre Laura Rosano presentó su segundo recetario de Frutos Nativos de Uruguay con preparaciones a base de arazá, guayabos del país, pitanga, butiá y guaviyú. Hay de todo, desde cerveza artesanal a una reconstrucción del Martín Fierro o un pudding vegano de chía y arazá. Además fue recientemente distinguida como parte de los trece cocineros elegidos para el libro ROU: 13 cocineros y 13 productos del Uruguay (Marcela Baruch y Pía Supervielle, Ediciones B), una especie de seleccionado celeste de la cocina.