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A orillas del Mississippi. Ahí transcurre la tercera parte de la saga de los blanquitos uruguayos por la parte densa de Estados Unidos, a dónde los turistas no van

 

TEXTO → JOAQUÍN OTERO
FOTOS → VIRGINIA DA COSTA

 

Nos pelamos de Memphis, no sin antes un incidente más: la rotura del GPS. Tengo facilidad para nublarme y eso pasó, pero utilizando el iPad y el glorioso Google Maps (la “nueva” navaja Victorinox para viajes) Vicky dio con un Budget cercano al aeropuerto, donde después de un rato de incertidumbre rescatamos un nuevo GPS; el destino estaba claro: la ciudad-pueblo de Vicksburg a orillas del río Mississippi.

 

Tomamos la ruta Interestatal 55, salimos del estado de Tennessee para meternos en Mississippi. Tranquilidad en la carretera, tremendos paisajes –el verde de la naturaleza contrastaba con el naranja del Mustang, lo sentía, lo veía–. Con el pasar de las millas Naranjito y yo entramos en confianza, 90 millas por hora promedio. El almuerzo: la pizza restante del Papa John’s de Memphis que iba muy tranquila en el asiento trasero del Mustang (very classy).

 

El mississippi↳ El Mississippi.

 

A las 15 horas –después de casi cuatro horas de manejo– llegamos a Vicksburg, un nuevo Super 8 con mejor ubicación y calificación (Booking) que el de Memphis. Tirar las cosas y conocer el río Mississippi. Río legendario. Inmenso. Inspiración de William Faulkner y de la mejor música del mundo. Corazón del Sur de EEUU. “Tick” en mi cuaderno personal de cosas por hacer. Recorrida por el pueblo bordeando el río, cena y cervezas. Vuelta en modo Formula 1 en un taxi que nos pidió el dueño del bar. Descansar, “mañana vamos al Parque Nacional Militar de Vicksburg”.

(Vicksburg fue un pueblo clave en la Guerra de Secesión (1861-1865), American Civil War, Sur vs. Norte, industria vs. campo, “progreso” vs. tradición, grises vs. azules. El que controlaba Vicksburg controlaba el Mississippi, el que controlaba el Mississippi tenía ganada media guerra.)

El Parque está ubicado donde ocuparon lugar las fuerzas Confederadas y las fuerzas Yankees durante lo que fue el Sitio de Vicksburg que duró casi dos meses hasta la rendición del ejercito Confederado. Un bosque enorme de terreno irregular –muchas de esas “irregularidades” eran cicatrices que había dejado la batalla– que recorrimos con una guía de 90 años al volante de Naranjito.

 

Parque Nacional de Vicksburg↳ Parque Nacional de Vicksburg.

 

Apuntes:

1: según el seguro que habíamos pagado, si una persona que no fuera el conductor designado (yo) tenía un incidente, el seguro no cubría nada;

2: la señora se subió al auto y dijo “es la primera vez que me subo a un Mustang” acto seguido puso mal la reversa y nos fuimos hacía adelante (Naranjito está jugando conmigo, claramente);

3: “soy una exprofesora de Historia nacida en el sur, yo les voy a contar mi versión: la del sur”.

 

Cuatro horas de recorrido por el parque, abrumador; monumentos, cañones, trincheras, historias, cementerios (las tumbas de los soldados sureños se distinguían por terminar en punta, según nuestra guía, para que ningún Yankee se pueda sentar encima).

 

Retirada. Escuchen la canción “The night the drove old dixie down” interpretada por The Band →  ACÁ

 

Luego de Vicksburg, reconfiguramos el GPS y marcamos nuestro próximo objetivo: el pueblo de Natchez por una ruta panorámica. Basta de autopistas, una ruta tranquila por el medio de un bosque durante 2-3 horas, poco tránsito; quería ver para todos lados, en una casi me voy de la ruta; velocidad promedio 50 millas por hora.

 

Natchez 4↳ Natchez.

 

Natchez: pueblo de juguete, sin gente en las calles, llegamos a las 16 horas y todo el mundo estaba guardado. Caminamos, recorrimos plazas y Vicky le sacaba fotos a las tiendas, entramos a un café donde había un mapamundi en el que la gente marcaba su país de origen, alguien de Uruguay ya había estado por ahí, excelente. Me aburrí. Volvimos al hotel **** –no había ni Super 8 ni Airbnb en Natchez, solo dos hoteles–, caminata por el río para terminar en un bar tomando cervezas locales, vuelta al hotel, lluvia, cena fingerfood,–unos nachos satánicos (crema agria, salsa picante, queso, frijoles negros y una especie de tuco)–, más cerveza, baño y dormir con Jimmy Kimmel en la televisión.

 

A la mañana, después de un clásico desayuno de hotel **** (supimos aprovechar), fijamos rumbo 325 millas más al sur, para entrar en el estado de Louisiana y el Pantano, el Bayou, mi berretín en este viaje.