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Tres escenarios del circuito de toques suspendidos y clausurados en una semana en Montevideo. Un bajón.

 

Paullier y Guaná, Pulpo Rojo y Pera de Goma fueron los locales que recibieron visitas indeseadas durante los últimos días, tanto de inspectores municipales como de la policía.

 

En el caso de Paullier y Guaná, la más veterana de estas salas (ubicada en la zona de Parque Rodó), la inspección tuvo lugar el miércoles pasado, horas antes de un concierto acústico de Los Traidores, con la llegada de agentes de la policía y un escribano, quien notificó a los responsables del recinto que el mismo permanecería clausurado desde ese día, restaurant incluido.

 

“Dijeron que no tenemos habilitaciones-permisos de la Intendencia Municipal para llevar a cabo un concierto así, cuando en realidad sí los tenemos, pero como no saben ir para atrás el lugar sigue cerrado durante los cinco días correspondientes por ley”, dijo Pepe Álvarez, el dueño de PYG, requemado. “Es todo muy raro, porque la policía nunca salió a hacer controles municipales y teniendo todo en regla nos tocó el peor de los castigos, que te pongan el cartelito de clausurado y todo el boliche cerrado”. Además contó que desde ese día estuvo haciendo reclamos en la comisaría… Lo peor.

 

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En una carta que el dueño de PYG compartió al público general ayer, calificó lo que pasó con su bar de “atropello y un abuso de autoridad por parte de Jefatura” y describió lo que estaba viviendo desde el miércoles como una “pesadilla totalmente absurda e infundamentada”.  En principio PYG retomaría las actividades este jueves. El toque de Los Traidores va a ser reagendado.

 

Distinto fue lo que pasó en Pulpo Rojo, la sala y centro cultural que funciona desde mayo en la Florida y Canelones. En pocos meses PR se posicionó como uno de los establecimientos más activos del under, con una agenda nutrida de fiestas, exposiciones y toques. El sábado pasado cayó en el local una inspección de la Intendencia Municipal que obligó a suspender el toque de esa noche, a cargo de la banda Los Zalvajes.

Escuchá la banda → ACÁ

 

No es la primera vez que pasa. El tema ahí es estrictamente con un estilo de música, según contó su dueña Ana Knobel. “Tiene que ver con el rock, pero no todo el rock, es el rock que por su impronta precisa de determinados decibeles de volumen, que supera los 80 decibeles que nosotros podemos emitir en el espacio por más que estamos en un sótano y que hay todo un acondicionamiento acústico ya instalado en la sala”, explicó la socia y responsable de la sala.
Ella está en claro desacuerdo con la medida.

 

“No podés decirle al baterista que toque más bajo. ¿Por qué? Porque es su forma de expresarse. Vos le estás pidiendo a un artista que produzca su arte como no es. A todo ese segmento musical ya no le podemos dar espacio”, opinó al respecto.

 

Ana ocupó el cargo de Directora de Artes y Ciencias de la Intendencia hasta noviembre de 2012. “Me fui porque justamente estos problemas los tenés acá pero los tenés allá. Cuando ves que no podés contra ello, o te convertís en un ñoqui o te vas. Yo juré nunca convertirme en un ñoqui”.

 

Desde su mirada el trasfondo detrás de esta represión es de índole social: “Hay un problema, se instaló un discurso disciplinador: del trabajo a la casa y de la casa al trabajo, y los bolicheros son todos malos porque hacen ruido y molestan a los vecinos. Acá hay cinco pelotudos que gritan y le mean la puerta al vecino, pero hay cientos de personas que la pasan bien y necesitan un lugar de encuentro, tener un contacto con el arte, enamorarse. Eso sucede en los boliches.
Son lugares importantes para que la gente salga de toda la tinellización en la que nos están metiendo. Si no defendemos los lugares de encuentro, estamos en el horno. Y si no defendemos los espacios públicos como un lugar privilegiado para que la gente se encuentre, ídem. Hay que entender que el centro de la ciudad es donde siempre sucedió la vida nocturna. En el ordenamiento territorial el centro está habilitado para que esto suceda”.

 

Según ella existe un acoso permanente de la Intendencia. “Nos ponen el mismo parámetro que le ponen a una calle barrial. Nosotros estábamos en Parque Rodó y decidimos mudarnos para no contravenir normativas, entendiendo que el centro es un lugar para eso y encima hay un marco que es ‘Barrio de las artes’, que impulsa la Intendencia y debería contemplarse. Pero no. Porque viene un vecino que se queja y notifica. No se sabe quién es.

 

Yo le pregunto a los inspectores, ‘¿quién nos está denunciando?’.
Pero nos dicen que es anónima.
Sin conocer el foco de la denuncia, no hay nada que podamos hacer.

 

Deberían intermediar entre el que demanda y el demandado. Nosotros estamos dispuestos a solucionar problemas, a financiar. Somos un proyecto sin fines de lucro, buscamos apoyar a los artistas”.

 

A estos casos se suma el del centro cultural/galería de arte Pera de Goma, donde también tocaban bandas y se hacían fiestas. El suyo es un caso diferente ya que no contaba con las habilitaciones y ante quejas de vecinos por ruidos molestos recibió primero un cedulón el lunes 12 avisando de la clausura inminente, que llegó el día siguiente. Martes 13.