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En la segunda parte de nuestra saga por el sur profundo de Estados Unidos visitamos la tumba del rey del rock a bordo de un Mustang Uber.

 

Texto por Joaquín Otero (editor responsable de Ediciones B)
Fotos de Virginia da Costa (menos la de Naranjito)

 

Hacía por lo menos tres años que no manejaba más de 300 kilómetros seguidos en Uruguay. Ahora estaba en un Mustang (Naranjito, como lo apodé en honor a la mascota del Mundial de España 82), a 200 km/h desde Nashville a Memphis. Debo admitir que estaba un poco asustado, las primeras millas —vamos a adaptarnos— de las 210 que son en total, no podía escuchar música y constantemente consultaba a mi copilota y el GPS.

Destino: Memphis, Tennessee. El pueblo del relajo para los bluseros, la ciudad de Elvis, capital de Sun Records y lugar donde mataron a Martin Luther King; para mí: la ciudad de los nervios.

Al llegar a Memphis nos fuimos para el hotel, el clásico hotel Super 8 de ruta, barato y con dudosos —no tanto— comentarios en Booking: “bedbugs”; la ventaja era que estaba “cerca” de Graceland, el complejo-mansión-museo-tumba de Elvis, principal objetivo de la visita y, según los promotores, la segunda casa más visitada de EE. UU. después de la Casa Blanca.

Al llegar a la ciudad mando por WhatsApp la foto de Naranjito a un grupo de amigos, me hice el crac y el boomerang volvió en forma de audio: “Me imagino que tenés seguro total”. Pum, se nubló. Mi mente empezó a crear imágenes de accidentes de tránsito, el Mustang retorcido, yo adentro preguntando por mis viejos. El seguro que tenía, ya que inmediatamente corrí a ver los papeles de Budget, era de U$S 35 mil dólares, es decir, si chocaba una ardilla en la ruta y rompía el radiador del Mustang, seguramente me tendría que quedar en EE. UU. Trabajando clandestino por un tiempo. Vicky trató de controlar la situación con un “tranquilo, Joaqui, no pasa nada”, ya era tarde, mi cabeza había viajado bastante, imposible retornar al estado festivo de haber manejado esas millas sin ningún tipo de problema. Mi mente acumula millas a la demencia.

 

captura-de-pantalla-2017-01-04-a-las-17-06-02↳ Mi vista paranoica desde la habitación vigilando a Naranjito.

 

El barrio del hotel (y de Graceland, que no estaba tan cerca como se suponía) no era para nada amigable con estos dos blanquitos. Zona semindustrial, cerca del aeropuerto, lleno de licorerías, camiones por todos lados, pegado al hotel un bar de “bailes exóticos”, bandas de gente en postura gansta rap, de los bluseros de antaño ni el humo. Partimos en caminata rumbo a Graceland, un giro de 180 grados, vuelta al hotel y un pedido de Uber (mientras Naranjito reposaba seguro en el parking). Hay que saber rendirse, la zona nos ganó.

 

Graceland, la casa y tumba del Rey

zona-de-relajo↳ Zona de relajo.

 

Impresionante. Entramos en bus del complejo a la mansión, después que Vicky comiera algo y yo tomara una cerveza —mi estómago seguía cerrado por el Naranjito incident—. La casa te deja con la boca abierta, entre lo mítica y la grasada de sus múltiples estilos de decoración; las historias de las canciones, lugares donde grabó, ensayó y se enfiestó el Rey; el audio guide estaba en voz de John Stamos (el actor de Full House, una serie bastante mala, pero que me acompañó algún mediodía cuando miraba la TV con mi hermana). Diferentes cuartos, miles de historias de Elvis y sus amigotes. Le gustaba el relajo. Le gustaba la imagen de buen americano. Le gustaba ser el Rey.

Después de la recorrida de horas y sentarse un rato frente a donde descansa el Rey junto a su padre y madre, volvimos al hotel. Ya hambriento y un poco más relajado, decidimos ir por una pizza de Papa John’s cuando estábamos llegando al Super 8 y un señor de enormes y desproporcionales dimensiones sale y nos dice: “No compren en el Papa John’s. Recién me robaron el pin de la tarjeta y me gastaron la plata que tenía”. Nos miramos con Vicky, la cosa estaba resuelta: dejamos las cosas en la habitación y fuimos a Papa John’s, ya teníamos esa pizza entre ceja y ceja, obviamente pagamos en efectivo. Cerveza, pizza y un partido de la NBA en la habitación.

 

papa-johns↳ Papa John´s.

 

“No hay chances de salir a dar una vuelta, estoy muerto, me voy de Memphis”.

En la noche el Super 8 mostró todo su rostro, tranzas, putas que atendían en las habitaciones y para finalizar un grupo de gente que en la puerta de la habitación estacionó su auto y se puso a escuchar el hit de Rihanna que yo desconocía en ese momento, una canción que repetía hasta el infierno “work, work, work”, no podía dormir; se corta la música “por fin”, un diluvio con granizo empieza a caer, “la puta madre el auto está afuera y sin techo que lo proteja, el granizo lo va a hacer mierda” otra vez la imagen de trabajar para pagar el seguro de Naranjito; mirado desde hoy es completamente delirante, pero en ese momento era la vida. Amanece, Naranjito está bien. Salgamos de Memphis. Objetivo: Vicksburg, Mississippi.