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Afiche: Atolón de Mororoa.

 

Una crónica infiltrada de N.A, Hablan por la Espalda y Futuro Refuerzos en el concierto del 12 de octubre en el Teatro de Verano.

 

El jueves 13 corríamos para un evento en Carrasco, con Futuro. No calculamos la hora pico y los actuales desbordes de tráfico en la rambla. Quedamos trancados feo por lo que decidimos hacer una cortada por pleno-Pocitos. Yo viajaba atrás, medio zombie, en el piso de la camioneta, junto a Alfredo (encargado de Futuro, exbajista de Pirexia), entre los refuerzos yalgún artefacto, entre ellos una barra del local, pesada, voluminosa, de hierro y madera, que en una curva al pedo decidió dejarse caer de forma súbita sobre nuestras cabezas.

Nos tomó en medio de una charla y se incrustó en el medio de los cráneos, abruptamente. Vi todo blanco. Una luz. Sentí ardor. Y enseguida escupí una lasca de diente que se desprendió producto del choque mandibular, al pegar contra la fila de abajo del teclado. Nos detuvimos. Alfredo estaba pálido y yo no paraba de repetir, mareado “ay, ay, ay”. Me senté en el cordón de la vereda, auxiliado, dándome cuenta que acababa de coronar así, en madera y hierro, la resaca más colosal de mi vida, la de Iggy Pop.

“Andá para tu casa”, me sugirieron los demás —y accedí. Pero me encaminé no a casa, sino rumbo a la UCM, sintiéndome de muerte en un frenesí hipocondríaco, mientras en mi mente revivía el día anterior —uno de los memorables de mi vida— y en ese momento, el penúltimo de mi existencia melodramática:

Casi no había podido reposar en serio, del martes para el miércoles, entre sueños fragmentados en los cuales imaginaba diferentes panoramas respecto al concierto. Unos eran triunfales, otros patéticos. Me mantuve en la cama hasta casi el mediodía, dando vueltas, probando posturas tipo estiramiento de piernas / boca abajo / semi sentado /de costado sobre un brazo.

Después la ducha, un desayuno-no- de-campeones, con solo un vaso de jugo de frutas de caja mezclado con maca peruana y semillas de chía, una banana y una tostada con dos fetas de queso. Llamé a mi hermano, la única persona que podía estar más ansiosa que yo. Una costumbre, cada vez que toca HPLE. Teníamos, como plan exclusivo hasta la hora de la prueba de sonido (17 hs), un compromiso con el programa Suena Tremendo, para hacer una entrevista previa. Caminé hasta la casa del Tuka, todo por Bulevar España, en una sudadera fuerte y viento en contra, cargando mi bolso con:

- Camiseta, pantalón y championes para el recital

- Un rollo de cinta pato (no tengo claro con qué fin)

- Nevada 10, para después de tocar + encendedor

- Camisa azul manga corta limpia (para post show)

- Un alfajor Tienda Inglesa

Pegué una coca light de lata, en el kiosco de la esquina. Bajó mi hermano el guitarrista y salimos directo para los estudios de El Espectador, en el centro solo para darnos cuenta, cuando estábamos por llegar, que en realidad las notas las hacían ese día desde el mismo Teatro de Verano, en emisión especial. “No te puedo creer, fijate boludooo”. Me recriminó el Tuka. Agaché la cabeza. Un volantazo y pegamos la vuelta hacia la rambla.

Lo que siguió no fue una entrevista, sino una charla, al costado de las tribunas, mirando al escenario y pegado a los containers que unas horas más tarde ocuparíamos con HPLE a modo de camarín. Acababa de probar sonido la banda de Iggy, sin él, con el jefe de escenario oficiando de vocalista. “No sabés como cantaba I Wanna be your dog”, tiró Juanchi. Una prueba demoledora, por lo que comentaron, que dejó a los conductores del programa radial suplicando por una cerveza, la cual llegó a los minutos de la mano de su productor. Una hora hablamos sobre la influencia de Iggy y los Stooges en nuestra vida, sin sombrilla, debajo de un sol calcinante que fritaba los cerebros como cebolla.

 

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Ensalada de Futuro Refuerzos.

Cuando terminó, quedamos como en un vacío. De por lo menos dos horas, hasta la citación para la prueba. Pasamos por la zona del catering, un quincho veraniego, con parrillero, donde el equipo de Futuro, de bandanas, terminaba triunfal el servicio del almuerzo para la banda de IP y empezaba a aprontar la cena. Las caras eran de satisfacción. Nos invitaron a probar las ensaladas que habían sobrado. Una de porotos negros, con mango, cilantro, tomates cherry y cebolla colorada. Otra de zucchini cortados como tallarines y queso. Chauchas, papas y huevo. Ceviche. Frescura total cortada sin sentido en mi paladar por un café tosco de máquina, antes de volver a lo de mi hermano a tirarme en un sofá por un rato, mirando fútbol. Estaba tan ciego que no llegué a dilucidar ni de qué país era el partido. Y eso es grave en mis estándares.

La prueba de sonido fue como un campamento. Todos reunidos en la pasarela de la iguana, de espaldas al anfiteatro, tomando mate en medio de charlas relajadas y pasando de a uno a tomar su instrumento. Los siete de la banda, acompañados por el equipo de producción de HPLE, más nuestros invitados, Marcos Motosierra y Franco Digregorius, convocado para santiguar el escenario (y posible responsable de correr a la lluvia que amenazaba desde el pronóstico, juiraaa).

Foto: Matias Lasarte
Foto: Matias Lasarte

Probamos creo que cuatro canciones, casi enteras, vividas con intensidad como si ya fuese el recital y probablemente nos hubiésemos quedado tocando de largo hasta las 21 hs de no ser por los formalismos.

 

Equipo de Futuro junto al equipo de Iggy Pop.
Equipo de Futuro junto al equipo de Iggy Pop.

Desde ese punto ya permanecimos en el TDV, todos reunidos en los containers mencionados más arriba. Casi sin cruzarnos con la banda (mucho menos con la Iguana), salvo en alguna ida ansiosa al baño. En una de ellas visualicé desde la puerta como el equipo de cocineros de Futuro entraba, a pocos metros, en la carpa del catering de la banda entre aplausos. Fue una visión como de película. Ahora solo les faltaba alimentar a la bestia, pero eso, estaba pactado, era estrictamente carne a las brasas, recién después del toque y de acuerdo a su pedido, de manos directas del chef.

Fernet. Cerveza. Refuerzos-que- casi-nadie- tocó-hasta- después-de- tocar. Varios brindis. Había caído la noche, las tribunas empezaban a poblarse y el núcleo HPLE empezaba a fortificarse, absolutamente conscientes de que íbamos a pisar escenario sagrado, por el solo hecho de tratarse del mismo que después de nosotros usaría la persona que ayudó a forjar la parte de la historia de la música que nos educó, inspiró y marcó nuestras vidas para siempre.

Hicieron el llamado. Una señal. Estábamos a escasos minutos. Nos agolpamos al costado del escenario y Franco pasó a hacer lo suyo, su ritual de apertura rociando su Agua de Florida, un saludo a Ogum y desde ahí, ya el nuestro…

Macumba.

Enteramente

dedicada

al Protector.

No me voy a referir, en esta crónica, a lo que pasó durante el recital. Solo que hicimos nuestro trabajo. Y lo hicimos con la mayor cuota de AMOR, RESPETO y DEDICACIÓN posible, disfrutando cada instante como si fuera el último de la vida. Como un rato en el paraíso.

 

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HPLE por Sebastián Baison

Una vez terminado sabíamos que venía otro paraíso. Por lo que nos prestamos a gozar. Tuvimos la suerte, como todos en ese teatro esa noche, de sentir de cerca a un mito viviente dar un épico concierto de rock que fue como un baño de inspiración.

Después de un concierto así me dan ganas de salir a gritar, comer, tragar y escupir, bañarme en fernet, decir todas las cosas que me guardo durante semanas, transformarme en pulpo máquina de abrazar, besar chuic chuic, dar amor, reírme hasta que se me salga la quijada, jugar veinte partidos de fútbol 5 seguidos, devorarme toda la biblioteca con los ojos cerrados, escuchar una discografía sometido como el drugo en la Naranja Mecánica, cambiar toda la ropa del placard que no tengo, ir a visitar a mis padres y agradecerles, comprar un ramo de flores, fumar un cigarro kilométrico, transformarme en perro, ladrar y mear árboles, subir a un avión y reemplazar al piloto a la fuerza, teñirme el color de los ojos, entrar a la selva sin repelente, hacerme un tatuaje en sangre en vez de tinta, que diga: “GRACIAS”.

 

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Foto: Sebastian Baison

EXTRA: Una vez concluido el show de Iggy compartimos media hora con la banda en su carpa. Gente de la más fina, que nos invitó con una de sus botellas de vino francés (“open it”) y se mostró en todo momento abierta e interesada, sin poder creer, en general, que lleváramos 20 años juntos. Les regalamos unos vinilos.

Después tuvimos un ratito con el Hombre, pero eso me lo guardo, porque algo hay que guardarse.