Cambian los paladares, pero también hay una cuestión estética. Continuación de un top de comidas que reinaron y perdieron su vigencia.

 

TEXTO → FERMÍN SOLANA
ILUSTRACIÓN → SEBASTIAN LAHERA

 

Depende de cada familia, pero es un hecho que muchos de los que crecimos en los 80-90 nos comimos, con leves variaciones unas cuantas de estas comidas-alimentos que quedaron por el camino, o al menos dejaron de brillar en los 90 y 2000. 

Como el paddle tennis vivieron una época prolífera pero hoy suenan casi que sinónimo de pasado y son prueba de que puede haber tradiciones, pero también de que la comida se marca por modas. Los que las resisten, supongo, serían los verdaderos clásicos. 

VER PARTE 1 → ACÁ

 

 

Traviata → Denominación para un refuercito de jamón y queso hecho con galletas cracker en vez de pan. Con el 95% del jamón actual reconvertido a gelatina porcina y lo mal vistas que pasaron a estar las galletitas (¿por las grasas trans?), la sola idea de la Traviata es digna de pesadillas macabras en el cerebro instagramizado de los foodies 2017.

 

Suprema Maryland → Uno de mis platos favoritos en la infancia debido a su cuota agridulce y sin dudas una de las combinaciones más arriesgadas que supo copar los menús vernáculos: milanesa de pechuga de pollo con panceta, crema de choclo, una banana frita y papas pay. Mix entre negro y soulero como del sur de USA pero que llegó a Uruguay vía Argentina (procedente de Inglaterra y no de Maryland, supuestamente).

 

 

Riñoncitos al vino blanco → Reconozco que desde chico los banco porque fui un mini-freak-gastronómico, pero hay que asumir que están tan fuera de circulación como cualquier anexo de los riñoncitos o el hígado, dos de los favoritos “light” de las abuelas que crecieron comiendo ojos y sesos como algo natural. 

 

Casata → Supuestamente es un helado de tres gustos, por lo general la tríada clásica: chocolate, crema y frutilla. Creo que sigue existiendo, pero ¿quién carajo se animaría a decirle Cassata? Capaz alguien en Grido. 

 

 

Copos de maíz → Supieron ser un símbolo del desayuno saludable, hasta que se supo la verdad: que hasta los que no son recubiertos en azúcar están llenos de azúcar, tienen mil componentes químicos de letritas + número, engordan fuerte y difícilmente aporten energía. Con ellos, calculo, naufragó el resto de la raza cereales vieja escuela, ¿O alguien sigue desayunando Honey Nutos? Los Fruit Loops hace rato que son una golosina.   

 

Proteína de soja → cuando yo era vegetariano eran el sustituto cantado de la carne en todas las recetas, hidratándose tanto en su variedad “carne picada”, como en la otra más grande (suerte de almohaditas cuadradas). Hoy, con la soja demonizada, creo que hasta un vegano fundamentalista de lo orgánico optaría directamente por una empanada de carne-carne.

 

Jugolín → Refresca la vida. La bebida que viene en sobre sería la pasta base de la bebida. Se aplica también para los Tang y los Clight. Ni que hablar para Rinde Dos.

 


 
Chivito al plato → Solo justificable para celíacos, este ícono de la abundancia local que aglomera en una bandeja plateada ítems como papas fritas y ensalada rusa, lechuga, tomate, panceta, jamón, queso derretido y corona todo con el bife ahí arriba. No hay necesidad.

 

 

Chop Suey → A medida que Japón derrocó a China en las preferencias de los pedidosyaeños, el símbolo de la primera occidentalización de lo oriental* se perdió en una selva de brotes de soja.
*La segunda parte comprende todos los rolls con queso Philadelphia. 

 

Garoto En una época este símbolo-de-haber-cruzado-la-frontera-del-Chuy implicaban casi que un ritual, de elegir y hasta tener favoritos dentro de la caja. Eso era antes de que se tornaran el mismo “bombón” de azúcar y grasa vegetal hidrogenada repetido en diferentes formatos y texturas y se hiciese imposible distinguir el sabor entre uno y otro.

 

Pan de ajo → Este era un producto de supermercado envasado al vacío, en cierta forma precursor de los panes industriales que abundan hoy por hoy. Una especie de flauta un poco más blanduzca que tenían en la parte central de arriba una pasta de ajo. Se ponía sobre la parrilla para agarrar el toque crocante y no faltaba como plataforma de los choris en los asados más Premium de los 80. 

 

Frutillas con chantilly→ Creo que el problema en este caso pasa por la palabra chantilly.

 


 
Duraznos en almíbar  → Creo que el problema en este caso pasa por la palabra almíbar (o por el hecho de que representa un caldo de agua azucarada y que se suponía que esto era una fruta, ergo, algo sano). Aprovecho para mencionar acá, derivado, el postre Chajá (chau, ja).

 

Natillas → Estos cuadraditos cremosos de chocolate, vainilla o dulce de leche supieron ser un ítem de regalo al que siempre se podía recurrir a la hora de quedar bien parado en un cumpleaños familiar. Si no me equivoco venían en una bolsa de papel celofán y las de Las Gaviotas eran el súmmum. 

 

 

Papas a la suiza → Todo lo suizo parece haber pasado de moda, menos Roger Federer.